Soy un hombre religioso. Soy varón y soy cristiano. Sé cuanta enemistad se supone que debe haber entre ustedes y yo, pero pido que por ese hecho no cierren sus oídos, automáticamente, a mis siguientes palabras.
Tengo algo muy importante que decir: Han sido engañadas. Y con todo el amor del mundo se los digo. Han sido engañadas. Yo sé que ustedes quieren que la situación de nuestro país mejore. Sé que desean ver la luz de un nuevo día ¡También quiero eso! Tengo una hija y una esposa ¡También quiero menos violencia y menos corrupción! Pero alguien les ha trazado incorrectamente el camino de ascenso hacia ese sueño. Se les ha hecho creer que ese mundo mejor llegará a través de gritos, insultos, actos vandálicos, y más violencia. Pero fuego no se combate con fuego, delincuencia no se acaba con delincuencia, y asesinatos de mujeres no se frenan con asesinatos de bebés. Por favor, no cierres tus oídos. Ustedes y yo queremos ese mismo México seguro, justo y radiante. Pero permíteme trazar una mejor ruta hacia ese destino.
Es inevitable notar en ustedes todo esa fuerza, todo ese celo, toda esa intensidad, pero el modo en el que ustedes han enfocado todo ese fervor solo tendrá efectos contraproducentes. No les pido que se apaguen, ni les pido que dejen de arder en su interior de ese modo que ha inspirado a tantos; les pido que tomen todo ese impulso, esas energías, esa creatividad y lo empleen en la causa del reino de Cristo. ¡Porfavor no dejes de escucharme! Déjame, al menos, contarte en qué consiste esta causa y porque es lo mejor que podríamos hacer por Mexico.
Dios había creado todo bien, todo bueno, este mundo debía ser erigido como un reino glorioso en honor del Creador, con nosotros, los seres humanos, al frente como fieles súbditos de Él. Pero nosotros, los seres humanos, decidimos dejar de lado el proyecto de Dios e iniciar uno propio, ya no con Dios como Rey, sino con nosotros mismos como amos y señores de nosotros mismos y de todo la realidad creada. Así es, eso fue lo que sucedió cuando Adán comió del fruto prohibido. Rechazamos someternos al Rey del universo sólo para someternos a nuestras propias mentes finitas y torpes, e inocentemente pensamos que eso era “ser libres”. La noticia es que esta supuesta “libertad”, esta “autonomía de Dios”, nos ha traído hasta aquí. Asesinatos, violaciones, secuestros, acoso, miedo, inseguridad... estos han sido los resultados de haberle dicho a Dios “podemos hacerlo sin ti, no te necesitamos, quédate en el cielo y no interrumpas nuestro proyecto aquí en la tierra”. ¿Qué tal nos ha resultado eso? A juzgar por nuestros periódicos, no muy bien.
Pero Dios mandó a su Hijo, Jesucristo (Sé que ya has escuchado esta historia). Y por medio de su vida perfecta y su obra en la cruz, ha abierto el camino de regreso al plan original. Debido a su sufrimiento y su obediencia, Dios ha coronado a Jesucristo como el Rey de reyes. ¡Él es ahora el Rey! ¡Cristo es ahora el Rey! Por su vida, por su sufrimiento, por su pasión, por su obediencia, por su muerte... ¡El Padre lo ha corona Rey de todo el universo! E incluso por sobre el actual presidente... ¡El es el Rey de México!
Tú pensarás, “pues no gobierna muy bien”... pero no es eso... es que el Rey ha extendido el lapso de su paciencia. Con lo justo que es, con lo santo que él es, y con lo viles y corrompidos que nosotros somos, todos teníamos que haber sido ejecutados desde su primer día en el trono, pero Él ha decidido tenernos paciencia. No merecíamos haber amanecido vivos esta mañana, pero aquí estamos ¿para que? Porque en vez de darnos el castigo que bien ganado nos tenemos, El Rey Jesucristo ha decidido extender su perdón a todo aquel que jure lealtad absoluta e incondicional a Él como Rey, y ha decidido re-integrarnos a su proyecto y a su reino si nos inclinamos delante de Él quebrantados por nuestros pecados, reconociendo que le hemos ofendido tremendamente y que no merecemos tal muestra de benevolencia de su parte.
Y quiero aclarar algo: Él no necesita que tú te unas de regreso a Él, no eres indispensable para su reino ni para el avance de su imperio, pero Él te abre las puertas dándote el privilegio de estar entre sus súbditos y luchar del bando que tiene asegurada la victoria final.
Así, el Rey me ha comisionado a mí y a otros heraldos suyos para decir esto: “ya no tienes que seguir como fugitiva, ya no tienes que huir, ya no tienes que ser castigada. Ve a los pies de Cristo el Rey, pide perdón y aférrate de Él como si tu vida dependiera de ello (porque tu vida sí depende de ello). Ríndete, deja de luchar contra Él, acepta su perdón y su señorío, aprovecha que el tiempo de su paciencia aún no ha terminado. Sométete honestamente al único que puede cambiar la situación de nuestro país”.
Únete a todos aquellos que clamamos “¡Esta nación es propiedad de Cristo! ¡Esta nación es propiedad del Rey!” Re-dirige esta pasión y ese fuego que tienes hacia la causa del Rey vencedor, Jesucristo. Y cuando la convicción del señorío y el reinado de Cristo se haya extendido en nuestra nación, y cuando nuestros gobernantes escuchen primero la voz de Dios, te prometo que los índices de criminalidad caerán por los suelos. Los asesinatos serán una rareza, y los secuestros una extravagancia. Te prometo que veremos la luz de un nuevo día. México será bendecido. Porque Dios honra a la nación que lo honra. Puedes ir a cualquier libro de historia y comprobarlo, Dios siempre ha bendecido a la nación que bendice su nombre.
Quiero que la violencia, los asesinatos, las violaciones y la inseguridad lleguen a su fin. Sé que la forma en la que ustedes están tratando de conseguirlo no dará resultado. Por ello les pido: ¡Vengan y luchen junto a Cristo, por su reino, por su corona, por su trono, por México!
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