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El Pacto Mosaico y el Pacto de Gracia

Por Jay Todd Traducido por: Alejandro González Viveros Los tratos de Dios con Israel, bajo Moisés, fueron simplemente otra manifestación del Pacto de Gracia. Esta es la forma en que la mayoría de los puritanos entendieron el Pacto Mosaico, y es la opinión articulada en la Confesión de Fe de Westminster. Según este punto de vista, sólo hay dos pactos revelados en las Escrituras: el Pacto de las Obras y el Pacto de la Gracia; y el Pacto Mosaico es simplemente una de las manifestaciones, en el Antiguo Testamento, del Pacto de Gracia. Quienes se adhieren a este punto de vista reconocen que existen diferencias entre las manifestaciones veterotestamentarias del Pacto de Gracia (el Antiguo Pacto) y la inauguración del Nuevo Pacto en Cristo, y que estas diferencias son quizás más pronunciadas en el Sinaí. No obstante, éstas deben ser consideradas diferencias en la administración y no diferencias en la sustancia. En otras palabras, la diferencia entre el Sinaí y el Calvario no es de...
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La Salvación en el Antiguo Testamento

Por: José Manuel Molina Gatica Muchos cristianos alrededor del mundo se han hecho, al menos, un par de interrogante respecto a este tema ¿LOS JUDÍOS ERAN SALVOS POR EL SIMPLE HECHO DE SER JUDÍOS? ¿CÓMO ES QUE LOS HOMBRES EN EL ANTIGUO TESTAMENTO FUERON SALVOS SI CRISTO TODAVÍA NO HABÍA VENIDO? El apóstol Pablo tuvo que tratar con este tema, pues en este tiempo la mayoría de los judíos tenían certeza de que eran salvos por heredar la promesa que le fue dada a Abraham y que debían ser fieles en guardar la Ley. Sin embargo, el primer quiebre a esta afirmación es que Adán, Noe y Abraham vivieron antes de que la Ley fuera dada. A continuación, responderemos las preguntas hechas anteriormente: ¿LOS JUDÍOS ERAN SALVOS POR EL SIMPLE HECHO DE NACER JUDÍOS? Pablo tuvo que responder a este cuestionamiento basándose en dos argumentos: EL PRIMERO es que fue enfático en negar que los israelitas fueran salvos por nacimiento, un ejemplo de ello sería que Ismael fue concebido antes que Isaac...

Una Actitud bíblica ante la Pandemia

Por: Alejandro González Viveros En este tiempo de crisis y de enfermedad escuchamos diferentes opiniones con respecto a la fe y lo que deberíamos hacer como personas de fe. Hay quién nos acusa diciendo “¿donde esta su fe?” cuando decidimos ponernos cubrebocas, dejar de saludarnos de mano y cancelar nuestras reuniones dominicales. Pero también hay quién dice: “¡Pero qué imprudentes son ustedes!” Cuando decidimos no usar cubrebocas, seguir saludándonos de mano y continuar con nuestras reuniones dominicales. Muchos se sienten como entre la espada y la pared ¿Qué podemos hacer? En medio de todas las voces, necesitamos enfocarnos en la única que tiene autoridad absoluta para nosotros, la voz de Dios. Aquella que encontramos en su Palabra. ¿Qué puede decirnos Dios, en sus Escrituras, sobre todo esto? 1. Necesitamos ser conscientes de que el congregarnos públicamente para adorar al Señor no es un mero convencionalismo cristiano sino que es una orden de Dios. Lo que quiero d...

El Principio Regulador en la Tradición Reformada

Algunas personas, especialmente, en Latinoamérica, suponen equivocadamente que la doctrina del Principio Regulador es una innovación de un grupo radical de cristianos fanáticos, o una medida reaccionaria y extra-bíblica contra los excesos de los cultos cristianos de nuestro tiempo. Esto es totalmente incorrecto. En este artículo quiero probar que el Principio Regulador no es algo nuevo, sino que es un principio histórico de las iglesias Reformadas. Primero, quiero contar un poco acerca de este principio. El Principio Regulador es aquel que nos indica hasta donde podemos llegar en las practicas que realicemos en el tiempo del culto de adoración pública. La mayoría de las iglesias se rigen, en su tiempo de adoración, por otro principio: el Principio Normativo. Este enseña que podemos hacer cualquier cosa en el culto siempre y cuando no esté explícitamente prohibida por las Escrituras. El alegato del Principio Normativo es “has todo lo que quieras, excepto lo que haya sido pr...

Estimadas mujeres feministas y pro-aborto

Soy un hombre religioso. Soy varón y soy cristiano. Sé cuanta enemistad se supone que debe haber entre ustedes y yo, pero pido que por ese hecho no cierren sus oídos, automáticamente, a mis siguientes palabras. Tengo algo muy importante que decir: Han sido engañadas. Y con todo el amor del mundo se los digo. Han sido engañadas. Yo sé que ustedes quieren que la situación de nuestro país mejore. Sé que desean ver la luz de un nuevo día ¡También quiero eso! Tengo una hija y una esposa ¡También quiero menos violencia y menos corrupción! Pero alguien les ha trazado incorrectamente el camino de ascenso hacia ese sueño. Se les ha hecho creer que ese mundo mejor llegará a través de gritos, insultos, actos vandálicos, y más violencia. Pero fuego no se combate con fuego, delincuencia no se acaba con delincuencia, y asesinatos de mujeres no se frenan con asesinatos de bebés. Por favor, no cierres tus oídos. Ustedes y yo queremos ese mismo México seguro, justo y radiante. Pero permíteme traz...

Salmodia Exclusiva en la Historia

Un artículo de Alejandro González Viveros Si la Biblia es nuestra principal norma de fe y conducta ¿Qué relevancia tiene hacer un capítulo dedicado a cuestiones meramente históricas? Señalar a los hechos y posturas históricas es útil porque si nos encontramos completamente solos en una postura, debemos guardar ciertas reservas de esa postura. Si la postura que defendemos aquí carece de apoyo histórico; si es una postura que nunca ningún cristiano antes de nosotros ha adoptado y sostenido, ciertamente, debe ser considerada como una postura poco confiable. Pero si logramos demostrar que es una postura con amplio apoyo histórico, habremos demostrado que no estamos defendiendo una doctrina incierta. La misma Escritura nos indica que “ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada” (2ª Pedro 1:20). Esto significa que ningún texto bíblico debe ser interpretado confiando en el criterio de un único individuo ni de sus conclusiones personales. Necesitamos de la sabidurí...